domingo, 27 de abril de 2014

El hombre



Todo tiene su lugar.
Y su tiempo.
Los pájaros que ahora cantan
lo saben.
Las plantas que aquí verdean
lo aceptan.
Sólo el hombre sigue un costoso proceso
en busca de su lugar
y su tiempo.

Y quizás es que su destino
es muy alto,
quizás es que le cuesta creer
que más que ser material
puede  ser.
  
A tientas busca
 y rebusca,
se mira
y se vuelve a remirar,
y quizás en ello se pierde
como náufrago en el mar.

Quizás sólo si mira
más lejos,
más alto,
más hondo,
pueda su destino encontrar:
ser una réplica perfecta
de Aquél
que por Amor se entregó,
que siendo Dios se hizo hombre
y así  el Camino marcó.

Aún no comprende el hombre
que Él es Puerta,
es Camino,
es Alimento y Pastor.
Que sólo si en la cruz le mira
entregado por amor,
por misericordia divina
puede obtener el Perdón.

El hombre no quiere
ni oír hablar del pecado
quizás porque aún no entiende
que en mentira está atrapado.

Unos que se auto-engañaron
dieron una  doctrina extraña
provocando en el hombre
que aún no vea la mañana.

En la noche de los tiempos
como ciego se debate
y sólo clama a los cielos
si la adversidad le abate.

Piensa que de sí mismo es  dueño,
que es grande y que es fuerte
y sólo duda de su sueño
ante la enfermedad y la muerte.

Ahí se asusta,
se ve débil e impotente
y si sabe aprovecharlo
quizás despierte su mente.

Pasa hambre y no la siente,
pasa sed y arena bebe,
se viste de ropas falsas
que en su delirio ve galas.

¡Ojalá pudiera verse
como ante Dios aparece!

Entonces pediría agua,
el agua que da la vida.
También por pan clamaría,
el pan que alimenta el alma.

Dejaría atrás sin miedo
cárceles y sepulcros blancos,
la mentira, el engaño,
la injusticia, la impiedad,
la opresión, el maltratar…

Tantas y tantas cosas
que con sus crueles grilletes
le han privado por milenios
de su ansiada libertad,
aquella que como Jesús dijo
ya hace dos mil años atrás,
sólo se puede alcanzar
por conocer la Verdad

Elspeth. Mayo 2009

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