jueves, 17 de abril de 2014

De noche en Betania (fabulación)




Simón, el mismo que sané de su lepra, me ha rogado que viniera a su casa a cenar pero ¿para qué lo ha hecho?  Su boca dice estar agradecido pero sus actos callan: he entrado en su casa y no me ha ofrecido agua para lavarme los pies, tampoco me ha dado el beso de bienvenida, ni ha ungido mi cabeza con aceite. Sanó su lepra carnal  mas su corazón…
No es una cena íntima pues que ha invitado amigos suyos y forzosamente debe saber de su actitud para conmigo.

¡Oh, María! Veo tu corazón y me conmueve tu sentimiento. Tu agradecimiento por haberte salvado se ha hecho perfume sobre mí. Yo también te agradezco, eres como un soplo fresco en esta cena tan árida. Me estás amando, ante la vista de todos estos que no reconocen. Sabes lo que piensan, como Yo, pero no te importa; el  sufrimiento  de tu vida pasada  te ha liberado de servidumbres a juicios humanos. Sé lo que sientes: amor, agradecimiento, ternura, compasión hacia mí.
Siento tus lágrimas refrescando mis pies cansados y la caricia de tus largos cabellos negros secándolos. Caldeas mi corazón y apoyas mis fuerzas entre tanto duro de corazón.
¡Ay, Simón, no me conoces! Sé mejor que tú quién es esta mujer pero tu odio te impide verlo. No entiendes porque no amas.

Has entendido la parábola pero sólo intelectualmente, no entró en tu corazón por eso no la aplicas a ti mismo. Te has sentido reconvenido por mis palabras comparando tu actitud hacia Mí con la de ella y en lugar de admitir la corrección y cambiar tu actitud te has sentido herido.
¡Ay, Simón, si no perdonas, el encono se enquistará en ti y te llevará a negrura y dolor! Sólo el amar da vida, paz, felicidad.



¿Por qué os enojáis con ella? Sé bien por qué; en el fondo habéis sentido de celos de ella porque se ha atrevido a expresar y hacer lo que vosotros ni aún en los momentos en que me habéis reconocido habéis hecho. Habéis sentido celos porque habéis captado en mi relación con ella en estos momentos una muestra del  perfecto amor en que ambos quedan contentos: Yo por el gesto de María hacia Mí y ella por el perdón y amor recibido. Y en vez de aprender de ello os ha producido enojo. ¡Pobres amigos que queréis y no podéis! No podéis porque aún no os habéis vaciado de vosotros mismos, porque aún os importáis a vosotros mismos más de lo que os importo Yo.
Habéis puesto la excusa de los pobres como si no pudierais siempre que queráis atenderlos ¿Por qué sólo pensáis aún en pobres en lo material?¿Acaso no es pobre el débil ante un esfuerzo, el solitario de compañía, el despreciado de reconocimiento, el ignorante de conocimiento? ¿Acaso no erais pobres vosotros de conocimiento y Yo os he provisto?
María me ha sentido pobre, pobre de ser amado (que no querido), pobre de reconocimiento por parte de todos, pobre de ser cuidado aún en lo material, por eso ha hecho lo que ha hecho, y no le ha importado que la juzgarais o la despreciaran, le importaba más Yo que ella misma.
En cambio incluso uno de vosotros ha osado decir que lo que me había dado era un desperdicio. ¿Tan poco me valoráis? ¿Tan poco me veis?
¡Ay mis pobres amigos! Algún día entenderéis y lamentaréis no haber aprovechado los momentos Conmigo. Pero os deberéis perdonar al comprender que ahora hacéis aquello que en este momento sois capaces porque más adelante, sobre todo cuando ya no comparta con vosotros mi vida terrena, entonces me veréis con más claridad.

Os conozco muy bien a todos y por ello no me ha sorprendido vuestra reacción pero el saberlo no me sustrae de un cierto dolor y tristeza, por eso María me ha sido un consuelo. Soy un hombre y como vosotros necesito ser amado; cuanto más olvidéis esto menos me conoceréis. Cuanto más os empeñaréis en verme y describirme como Dios olvidando mi humanidad más impediréis que los hombres vengan a Mí. Dios es Amor y la divinidad reside en amar, y eso aún no lo habéis comprendido.

Elspeth. Abril 2011

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