sábado, 17 de mayo de 2014

La perla de gran precio



Mt 13:45  [La perla de gran precio] También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, 46 que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.


La explicación que he oído habitualmente ha sido, como mucho, que la perla preciosa venía a ser como el Evangelio, el mensaje o enseñanza dado por Jesús y que cuando uno lo conoce debe dejar todo lo que no es para quedarse con lo que es. A veces lo oí concretando en que eso hacían sacerdotes y religiosos: dejar los “bienes” del mundo, quedarse pobres y así “compraban” una relación especial con Jesús.
No entro en que no sea así pues en parte pienso que también es, pero esa explicación sería entender como que hay muchos mercaderes, que cada uno de los sacerdotes es un mercader en busca de perlas y hoy mi mirada sobre esta  parábola es diferente: habla de un mercader y de una perla.
Escudriñando en la Biblia encuentro esta cita donde la perla equivale a puerta Ap 21. 21 Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla
Entonces si Jesús fuera el mercader ¿Cuál sería la perla?

La perla como puerta:
--En lo corporal Jesús entra al mundo, toma cuerpo, por María y no pienso en absoluto que fuera elegida al azar, de hecho leemos:
Lc 1. 28 Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres.
 
Luego las mujeres fueron miradas y, entre todas, María halló gracia ante Dios (Lc 1.30)
¿Por qué halló gracia ante Dios? La respuesta entiendo que está en cómo reacciona y actúa ante ello.
38 Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra.

Es decir se plegó a la voluntad de Dios en silencio y humildad, (Lc 2. 52 Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón.) y por eso mismo fue madre de Jesús porque como Él dijo
Mt 12.50 Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre.
Y ella la hizo. Estuvo al inicio dando a luz a Jesús, en medio criando y educando a Jesús niño, conviviendo con Él durante muchos años, siguiendo ya fuera de cerca o de lejos su ministerio público, con más o menos altibajos y al final a sus pies en la cruz; ella lloró por su hijo primogénito crucificado. 
Y ahí pienso que es símbolo de una parte de la Humanidad que llegaría a hacer lo mismo que ella como dice  Zc 12. 10 Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito.
Para comprar esa “perla preciosa”, esa Humanidad en potencia-a mi entender simbolizada en María- a quien le mudará el corazón, es por lo que el “mercader- Jesús” vende lo que tiene y no sólo su status anterior celestial
Fil 2. 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,
7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;
sino que también en su condición de hombre
Mt 8. 20 mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.

Y esto último tanto en el plano material como en el afectivo o el espiritual  porque, a parte de su pobreza material, no recibió reconocimiento; el afecto de sus apóstoles y discípulos era el que podía ser y que no alcanzaba la correspondencia (se ve cuando le dejan solo) y su pensamiento, sus enseñanzas, sus obras o eran rechazadas, o no valoradas o no comprendidas.

Pero Él la compró.

He oído muchas veces de Nibaldo que Jesús compró  a David y su descendencia al derramar su sangre por David (el hombre que derramó sangre de Urías) y recibir los golpes  que hubieran debido recibir sus hijos (Sal 89. 32). Creo entender que es un paso intermedio tanto en cuanto  David y sus hijos restaurados deben ser el instrumento para que la Humanidad se vuelva a Dios. Desde ahí ese conjunto, parte de la Humanidad que es “perla preciosa” que compra el “mercader”-Jesús, lo veo como una etapa precisa para alcanzar el objetivo final de una Humanidad del agrado de Dios, en consonancia con el Universo regido por Amor.

Siendo que dice que el reino de los cielos que crea es semejante a Él, y lo dice en presente me lleva a pensar que si estaba hablando del reino de los cielos que eran sus apóstoles ese conjunto de sacerdotes debía estar  haciendo lo mismo que Él, esto es, dejar todas las “sofías” del mundo para quedarse con la Teosofía auténtica, la de Dios; debían  ser humildes y mansos como Él, no considerando su condición de hijos de Dios(sacerdotes) como encumbramiento sino como servicio; no tendrían  otra voluntad y otras miras que las de Dios; aceptarían, como Jesús aceptó,   las pérdidas que comporta la opción y desde ahí  colaborarían a la “compra”  definitiva de una Humanidad para Dios.
Elspeth.2013
Todas las citas corresponden a Reina Valera 1960

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