sábado, 24 de mayo de 2014

Castigo, culpa y responsabilidad (VII)



Los judíos no aceptan a Jesús porque según ellos no cumple todas las profecías; lo que parece que no se han cuestionado es su comprensión de ellas.

Hay profecías que quizás no las entienden porque las toman muy literalmente en plano material, físico. Hace ya dos mil años pienso que les impidió reconocer el cumplimiento de la, para mí, más grandiosa profecía Is 52. 6 Por tanto, mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel día; porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente.7 ¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina! Y por eso Jesús les advirtió Jn 8. 24 si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.

Los que no creyeron, en sus pecados quedaron (doctrinas engañosas, ingratitud hacia Dios, etc), Y como pueblo creo entender que aún no tienen el espíritu de que habla la profecía de Ez 37, la que da vida. Ez 37.9 Así ha dicho Jehová el Señor: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán.
Muertos porque el pecado es muerte. Vivirán…no puedo menos de pensar que se refiere a la vida como conocimiento de Dios (Jn 17.3)  y si esto es así de nuevo pienso que deberían cambiar de actitud respecto a Él. Mi impresión es que creen conocerlo muy  bien, creen ser aún su pueblo elegido, privilegiado entre las naciones, que todo lo que les ha acontecido a lo largo de su historia lo ha hecho Él incluido los “castigos” con lo cual pienso que siguen sin ver qué de su idiosincrasia particular les condujo a esos acontecimientos y por tanto siguen sin cambiar. Me pregunto si ya es tiempo de que exclamen como Job 34.32 Si hice mal, no lo haré más. Enséñame tú lo que yo no veo.



 También me pregunto si tienen la suficiente humildad para aceptar al Maestro; si están preparados para volver al Padre, entendido aquí como releer lo que expresó en las Escrituras, con ojos limpios de su Tradición (la cual al fin y al cabo es producto de mentes humanas interpretando como supieron o quisieron).

Jesús enseñaba, enseña, pero a menos que uno se reconozca ignorante nada puede aprender. Un Maestro también señala y corrige los errores, y también hizo eso Jesús. Pero si uno está tan orgulloso de sí mismo difícil querer reconocerlos y menos aún enmendarlos, lo cual sería aceptar la responsabilidad. En cambio, y sólo como ejemplo, cuando Jesús hace un recorrido por cómo yerran y hacen mal los autores y seguidores de la Tradición (intérpretes de la ley, escribas, fariseos, etc) la reacción de ellos es Lc 11. 53 Diciéndoles él estas cosas, los escribas y los fariseos comenzaron a estrecharle en gran manera, y a provocarle a que hablase de muchas cosas; 54 acechándole, y procurando cazar alguna palabra de su boca para acusarle. Reacción que entiendo es una de las típicas que se dan cuando uno en su interior profundo sabe que tiene razón el que le corrige pero rechaza toda corrección y vierte su rabia en el que la hace; sería aquello de “la mejor defensa es el ataque”.  Dicho de otro modo el sentimiento oculto de culpabilidad se convierte en agresividad sin querer crecer en responsabilidad.

Tomo ahora la oración de Daniel por su pueblo como apoyatura para, analizándola, explicitar como me parece que debería ser el crecer en sentido de responsabilidad

1ª parte: reconocimiento de la propia actuación:
Dn 9. 4 Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos;5 hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas. 6 No hemos obedecido a tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra. 7 Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro, como en el día de hoy lleva todo hombre de Judá, los moradores de Jerusalén, y todo Israel, los de cerca y los de lejos,
8 Oh Jehová, nuestra es la confusión de rostro, de nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres; porque contra ti pecamos. 9 De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado, 10 y no obedecimos a la voz de Jehová nuestro Dios, para andar en sus leyes que él puso delante de nosotros por medio de sus siervos los profetas. 11 Todo Israel traspasó tu ley apartándose para no obedecer tu voz.

2ª parte: Reconocimiento y aceptación de consecuencias sin culpar de ellas a otro/s
Ahí, en mi opinión, Daniel comparte con su pueblo la concepción de “castigo” pues atribuye a Dios el exilio en Babilonia y otras tierras
7 Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro, como en el día de hoy lleva todo hombre de Judá, los moradores de Jerusalén, y todo Israel, los de cerca y los de lejos, en todas las tierras adonde los has echado a causa de su rebelión con que se rebelaron contra ti.
No, ellos fueron quienes se alejaron de Él, le rechazaron, no Él;  y por los valores que abrazaron, por su forma de actuar, les vino lo que les vino.
Daniel continúa y revela algo en lo que quizás no se haya reparado suficientemente; por lo cual ha caído sobre nosotros la maldición y el juramento que está escrito en la ley de Moisés, siervo de Dios; porque contra él pecamos. 12 Y él ha cumplido la palabra que habló contra nosotros y contra nuestros jefes que nos gobernaron, trayendo sobre nosotros tan grande mal; pues nunca fue hecho debajo del cielo nada semejante a lo que se ha hecho contra Jerusalén.
14 Por tanto, Jehová veló sobre el mal y lo trajo sobre nosotros; porque justo es Jehová nuestro Dios en todas sus obras que ha hecho, porque no obedecimos a su voz.
Atribuye a Moisés el castigo reconociendo a la par que son leyes de Moisés. El castigador pues es visto por Daniel como Moisés, no Dios, lo cual casa con unas palabras de Jesús: Jn 5.45 No penséis que yo voy a acusaros delante del Padre; hay quien os acusa, Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza.


Al margen de esta anotación y siguiendo el hilo discursivo, Daniel -entiendo que haciendo de portavoz del sentir del pueblo- ve como castigo lo que eran consecuencias si desobedecían. No insistiré sobre esto pues ya quedó explicado en otra parte. 
Hubiera sido muy diferente que Daniel hubiera dicho algo así como que por traspasar la ley de Dios, por haberse engreído, no haberse dispuesto a servir, ni a obedecer, por haber querido engrandecerse, adquirir poder y riquezas, haber deseado más lo que el mundo tiene por tesoros que los tesoros de Dios…  por todo ello sus pensamientos y su corazón les habían llevado a pobreza, miseria, esclavitud, perdición y sufrimientos.

3ª parte: Pedir perdón
19 Oye, Señor; oh Señor, perdona. (Perdón: Is 43.25 Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados.)
Petición de perdón de David:
Sal 25.De los pecados de mi juventud, y de mis rebeliones, no te acuerdes;
Conforme a tu misericordia acuérdate de mí,
Por tu bondad, oh Jehová. 
Una dualidad: soberbia y humildad

4ª parte: Cambio de actitud
Se supone que como Daniel ha reconocido que  13 no hemos implorado el favor de Jehová nuestro Dios, para convertirnos de nuestras maldades y entender tu verdad, esa es su intención al orar: pedir cambiar de actitud de maldad a bondad y entender la Verdad de Dios.
Se puede ver que el sentido es similar a  Job 34.32 Si hice mal, no lo haré más. Enséñame tú lo que yo no veo.
El mismo sentir leemos en David:
Sal 25.4 Muéstrame, oh Jehová, tus caminos;
Enséñame tus sendas.
 5 Encamíname en tu verdad, y enséñame,
Porque tú eres el Dios de mi salvación;
En ti he esperado todo el día.

Un cambio de actitud, pues,  en una dirección:
Sal 40. 8 El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado,
Y tu ley está en medio de mi corazón.

Elspeth. Abril 2013
Todas las citas corresponden a Reina Valera 1960

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