miércoles, 28 de octubre de 2026

Divinizando

 " Dios es amor; su naturaleza, amorosa. Hace el bien porque Él es el Bien del que todo bien emana, no puede hacer otra cosa, es su naturaleza.

Se me dijo “ámalo todo” y cuando pregunté por ese “todo” se me recalcó: “absolutamente todo” “¿hasta esta hierba con ese insecto que veo?”  “Sí”. En su momento no acababa de entender y por mucho tiempo se me educó en discernir entre lo profano y lo santo, y yo aún no comprendía. Me debatía entre lo humano y lo divino, y ahora creo haber comprendido que es una división equívoca. No hay tal cosa o, mejor dicho, quien vaya amando a Dios, aproximándose a Él, encontrará que la frontera se desdibuja pues desde el amor todo es divino, o si se quiere expresar de otra forma el plan es que lo divino tiña, transforme, invada todo ámbito para que todo sea de Dios.

Los ámbitos pueden ser muchos, pero desde un ser “apegado a Dios” todos quedan dentro de Su Ámbito. No hay ámbito que no pueda ser “divinizado” para aquél que amando se mueva en él. Tal hizo Jesús: todo era para Dios, el mundo sería para Dios.

Jn 16.33 “Yo he vencido al mundo”  Jn 12. 47 porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.

Porque Él, Jesús, es el Amor de Dios al mundo (Jn 3.16). Y  ahora veo que cuando Jesús hacía un bien en concreto a un enfermo (lo digo como ejemplo) no había separación entre lo “humano” y lo “divino” porque a través de lo humano, la sanación física de una enfermedad, Jesús hacía otro bien que antes yo llamaba “divino”, ya fuera una enseñanza espiritual o una señal profética. Así pues del mismo modo que Dios divinizó lo humano a través de Jesús, cualquiera que quiera ser su discípulo debe divinizar cualquier cosa que haga en su vida. Cualquier acto de un verdadero servidor de Cristo debe ser una señal para los hombres del Amor de Dios."

Elspeth 2010

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